Mi sonrisa se esfumó cuando mi madre me dijo que era momento de rendir cuentas, así que, luego de mirar rápidamente a Thomas, volví hacia ella y contesté.
—Vamos a mi habitación, ahí podremos charlar con más calma.
Ella estuvo de acuerdo y disimuladamente salimos del comedor. Cuando estuvimos a solas, ella me miró seriamente y preguntó.
—¿Qué sucedió con Thomas?
—Bueno… nos reconciliamos —respondí tímidamente.
—¿Él ya no te odia por lo que pasó con la familia que lo acosaba?
—Ya no, él creyó en