—¿Mamá? —exclamé sorprendida cuando escuché su voz.
—¿Acaso tienes otra? —reviró ella ofendida.
—¡Oh! Lo siento si no te llamé antes, es que estos días he tenido mucho trabajo —intenté justificarme.
—¡No puede ser posible que haya pasado casi una semana y aún no me digas dónde te has mudado! Estoy preocupada por ti.
Casi me di un golpe mental al recordar que había olvidado contarle a mi madre ese detalle, así que respondí rápidamente.
—Perdón, es que con lo de la mudanza, se me pasó comentarte