Margret
—¡Por fin atiendes el teléfono! —Caí sentada en la esquina de mi cama.
La conversación con Nicklass no termino en nada bueno.
Su propuesta de tener un hijo no tuvo sentido en mi cabeza, pero estaba tan aturdida por lo que me dijo que sólo baje de la azotea y me encerré en mi habitación.
—¿Qué pasa, Mar? —Henry se oía preocupado, seguramente ya sabía que había recuperado la memoria—. ¿Está todo bien?
—No está nada bien —dije. Sentía como un nudo se formaba en mi garganta. Quería llorar p