Tienes que intentarlo, Adrian.
Punto de vista de Adrián
Me senté en el borde de la cama, mirando fijamente el suelo.
Las manos no dejaban de temblarme, frotándome las palmas como si eso pudiera aliviar la culpa, el dolor.
Pero no lo hacía. Nada ayudaba. El rostro de Catalina —pálido, vacío, destrozado— estaba grabado en mi mente.
Cada vez que cerraba los ojos, ahí estaba. Cada vez que intentaba respirar, la veía.
Habían pasado dos días, pero se sentían como nada. La boda era mañana. Mi boda.
Solté un aliento tembloroso, el p