Líneas que no se Deben Cruzar.
Valentina llevaba exactamente once minutos sentada en su escritorio cuando sintió, sin razón aparente, que el aire a su alrededor había cambiado.
No era una intuición mística ni una exageración romántica: era una certeza física, casi incómoda, como cuando el cuerpo reacciona antes de que la mente tenga tiempo de formular una explicación.
Alzó la vista del monitor. La oficina seguía siendo la misma: el murmullo lejano de teclados, el zumbido constante del aire acondicionado, el reflejo de los ve