El Error.
Valentina no llegó al edificio de Alexander por accidente ni por inercia. Llegó porque lo decidió.
Ese fue el primer quiebre real.
No había excusas prácticas ni urgencias laborales que la empujaran. Había terminado su jornada, había leído el mensaje dos veces antes de responderlo, había tenido tiempo suficiente para arrepentirse.
No lo hizo. Al contrario: mientras avanzaba por la vereda, con el teléfono apretado en la mano, sintió una claridad incómoda, casi serena.
Como si una parte de ella hu