La Caída.
La confrontación no ocurrió como Valentina la había imaginado.
No hubo gritos, ni reproches inmediatos, ni escenas diseñadas para romper algo de forma limpia.
Ocurrió en la cocina, un martes por la noche, con la luz blanca encendida y una olla olvidada sobre la hornalla apagada.
Ocurrió con Lucca apoyado contra la mesada, los brazos cruzados, mirándola como quien ya hizo demasiadas cuentas en silencio.
—Necesito que me digas la verdad —dijo él.
No levantó la voz, no parecía enojado. Eso fue lo