No puedo controlar el gemido de sorpresa que sale de mis labios.
—No...—me ahogo, negando con la cabeza.
—Sí. Quiero echar un vistazo a lo que es mío.
Ay Dios mío. Eso es todo. Él me va a violar y no hay nada que pueda hacer al respecto.
Mi instinto de supervivencia se activa y trato de pasar junto a él, pero una mano grande me sujeta la muñeca y me lleva de regreso a donde estaba.
—Por favor, no...—le suplico.
—Fiorella, si quieres congeniar bien aquí, me obedecerás o la vida será muy dif