Encantos. 2
Cuando llegó el momento de pagar la cuenta, ambos comenzaron una pequeña pelea, cada uno empeñado en invitar al otro, Owen, para no hacerla enojar, propuso que pagaran a la mitad, y aunque a Edneris no le encantó la idea, terminó aceptando. No quería discutir con él por algo tan trivial, con la cuenta saldada, salieron del restaurante bromeando entre ellos; el pequeño disgusto no les duró más de un par de minutos.
— ¿Dónde vamos ahora? — preguntó Edneris mientras caminaban entre la multitud, completamente inadvertidos por quienes pasaban a su alrededor, eran solo dos personas comunes y corrientes en un mar de rostros apurados.
— Vamos a la joyería, quiero comprar algo especial. — respondió Owen, con un dejo de ilusión en la voz, le habría encantado tomarla de la mano con libertad, pero sabía que aún era pronto para ese tipo de gestos.
— ¡Mi madre! — exclamó Edneris de repente, escondiéndose detrás de una de las columnas circulares que bordeaban el pasillo.
— ¡La mía! — exclamó Owen ta