Despierto agitado de aquella terrible pesadilla. Me siento confuso y perdido. Por un instante no tengo idea de dónde me encuentro hasta que siento el doloroso tirón cerca de mi hombro. Bajo la mirada y noto el apósito que llevo puesto.
―¿Cómo te siente?
Giro la cara y con la mirada borrosa, me encuentro con mi viejo amigo Ian.
―¡Joder! ―me quejo―. Siento como si me hubiera pasado un camión por encima.
Deja la carpeta que lleva entre sus manos sobre la mesa, se acerca y esboza una sonrisa.
―