¡Maldición! Siento que mis pelotas están a punto de explotar debido a la gran cantidad de fluidos que se ha acumulado en su interior. Me arrastro de rodillas sobre la cama y aparto sus piernas para abrirme camino hacia su intimidad. Apoyo unos de mis brazos sobre el colchón y acerco la cara cuando estoy a la altura de sus tersos pechos. Abro mi boca y saco la lengua para deslizarla sobre su pezón izquierdo y darle una probada. ¡Joder! Suelta un gemido intenso y desenfrenado que se cuela por mis