Estaciono el auto a un par de cuadras de la casa. Hay demasiada seguridad como para arriesgarme a que me vean. No me queda más opción que dejar esto en manos de esta estúpida.
―No lo olvides, Dee-Dee, si dices algo o haces cualquier movimiento para alertar al equipo de seguridad que vigila la casa, te juro que acabaré con la vida de tu hija. No me pongas a prueba. Tú, mejor que nadie, sabe que no tengo mucha.
Sonrío con satisfacción. Esta chica fue uno de los mejores revolcones de mi vida.
―Por