La mañana nos sorprende con las sábanas amontonadas en los pies y nuestros cuerpos desnudos fusionados en uno solo.
―Buenos días, cielo.
Sonrío cuando deja un beso en mi hombro. Despego la mejilla de su pecho y elevo la cara para mirarlo a los ojos.
―Buenos días, cariño ―él se inclina y me da un beso en los labios―. Me duele todo el cuerpo ―planto la palma de mi mano sobre su pecho y lo acaricia con las uñas―. Juro que hoy no saldré de esta cama. No tengo fuerzas para hacerlo.
Su sonrisa se ensa