Le tiendo la tarjeta de crédito a Alfred y espero hasta que me entregue la llave de la habitación. Lo dejo allí, encargándose del registro y de todos los pormenores de la reservación, mientras me adelanto con Rachel para dirigirnos hasta el elevador.
―Después de ti, cariño.
Ella se da la vuelta, me mira coqueta y camina en retroceso hacia el interior, hasta que su espalda choca contra la pared del fondo.
―¿Qué espera para subir, señor Reeves? ―susurra en tono descarado y provocativo―. Está perdi