Sentada frente al tocador, observo en el espejo el reflejo de la chica de ojos café que me mira con una expresión triste y desolada. Elevo la mano y, acaricio con la yema de mis dedos, la piel debajo de ellos. Me veo tan diferente, y no me refiero solo a mi apariencia, sino a lo mucho que me han hecho cambiar los golpes que he recibido de la vida. ¿A dónde fue su sonrisa? ¿En qué momento de su vida perdió sus ilusiones y esperanzas?
La Rachel que conocí dejo de existir por completo. Ya no queda