—¡No! —dijimos más de una.
—¡Nojoña!, y yo que vine preparada para tomarle fotos. —Nos mostró un celular.
—¡Juera!, ¿tú de donde sacaste ese celular?
—Es de Mayo, el aguacatao y aburrido de su marido no la dejó venir, porque esto eran fiestas del demonio. Tú sabes cómo es él.
Se sentaron en la mesa donde estaríamos nosotras. La reunión comenzó, no he parado de reírme, Betty y yo somos las únicas jóvenes entre todas las mujeres adultas que no estamos en el desorden.
Cuando las meseras nos trajer