Llegué a La Arbolada. Si lo hubiera planeado no habría salido tan perfecto el momento como ahora, no me atrevo a llamar a Megan. Ingresé a la casa, la esclava me la entregan en una semana. Al pasar por la puerta mi abuela me recibió con una gran sonrisa y el traje de matrimonio para usarlo mañana en la boda. Ahora temo, Dios no me hagas perder la fe.
—Mira, lo mandó Megan. El mío ya lo tengo en mi cuarto, debemos presentarnos a las diez en punto. Eso significa que debemos irnos a las nueve de l