El corazón me latía a mil. Llegamos a Bogotá, ahora esperamos la conexión a Montería, si Dios lo permite estaré sobre las cuatro. Llegamos hace un par de horas, almorzamos y decidimos ingresar a la sala de espera. Moría de ansiedad.
—Cálmate, me tienes nerviosa a mí también.
—Lo siento, abuela. Estoy a una hora de verla y siento mucho susto. —sonó mi celular.
—Hola, Rafa.
—Me alegra que llegaran bien, acabo de ver el mensaje que mandaste hace más de un par de horas. Estaba trabajando, ya llegué