Narra: Amelia
El sonido de los sistemas electrónicos del Gulfstream muriendo fue un funeral de silicio. La cabina, que hace apenas unos segundos era nuestro santuario de alta gama, se convirtió en una trampa presurizada donde el aire empezaba a escasear. Alexander, con una fijeza asesina que desafiaba la inminente caída, bloqueó el mando manual justo cuando el morro del jet empezaba a inclinarse hacia el abismo azul del Atlántico.
—¡Amelia, el protocolo de eyección no responde! —rugió, su voz d