Narra: Amelia
El estruendo de los motores gemelos de cuatrocientos caballos de fuerza hacía temblar las vigas de fibra de carbono de la cabina táctica con una cadencia neumática, violenta y subterránea. A través del parabrisas reforzado de la embarcación interceptora, el agua negra del estuario del Támesis estallaba en ráfagas de espuma helada, un reflejo perimetral de la tormenta naval que la Marina Real había desatado en la cabecera del sistema para forzar nuestra liquidación forzosa. El rada