Narra: Alexander
El radar táctico de la terminal portátil mostraba nuestra trayectoria cruzando los Alpes marítimos en dirección al espacio aéreo de la Toscana. A treinta de mil pies de altura, el interior del Gulfstream se sentía saturado por el siseo de los motores y el aroma denso a la vainilla del perfume de Amelia que se había quedado impregnado en las solapas de mi camisa negra.
La miré de reojo. Permanecía sentada en el asiento de piel crema opuesto al mío, con la vista fija en la ventani