Narra: Alexander
El silencio del coche mientras atravesábamos las arterias nocturnas de Londres era una pausa tensa antes de la tormenta final. Amelia seguía apoyada contra mi pecho, su respiración regulándose lentamente, su traje blanco manchado por el polvo de la cripta, pero con sus ojos grises brillando con una soberbia dinástica que nada en este mundo podría empañar. El expediente que Rebeca había guardado no era solo un documento; era una sentencia de muerte para el sistema que había inte