Narra: Amelia
El reflejo del lago Lemán a través de los inmensos ventanales de la suite presidencial del Hotel des Bergues parecía una mancha de tinta china extendiéndose bajo la penumbra de la tarde ginebrina. La llovizna helada seguía golpeando los cristales con un siseo rítmico, constante y adictivo, aislando el interior del ático del resto del mundo como si el tiempo se hubiera congelado a las afueras de Suiza. Dentro, el lujo era silencioso, opulento, casi sagrado: molduras de pan de oro, a