El grito de Brenda estalló en la habitación como una explosión mal contenida, un alarido tan brutal que pareció sacudir las paredes del motel, como si la tierra hubiera decidido temblar justo debajo de la cama. En un acto desesperado, intentó zafarse de los brazos de Johnny, pero ya no era ella quien mandaba.
La magia respondió antes que su mente.
Un frío antinatural brotó de su interior y se convirtió en una ventisca furiosa, invisible pero devastadora. El aire se comprimió, rugió… y luego se