Los días siguientes pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Reuniones, llamadas, desayunos con Valentina en la terraza, almuerzos de negocios y visitas al hotel principal. Alejandro volvía a su rutina sin problema y sin espacio para pensar demasiado.
Así debía ser desde que pisó Madrid. Esa era su vida soñada. Organizada, eficiente e impecable. Trataba de mantener los recuerdos del beso con Sofía y el hombre que fue demasiado amigable con ella fuera de la universidad, lejos de su mente.
Había sid