El domingo le llegó a Sofía como la peor carga de culpabilidad y ansiedad. Gabriel la llevó a casa de sus padres, y al ver la puerta, eso solo sirvió para multiplicar su sensación de traición hacia ellos. Se pasó el día en su habitación, evadiendo las preguntas de su madre y la simple presencia inocente de los empleados de la casa. La cama, donde había dormido durante toda su vida, se sentía ahora como el lugar de descanso de una criminal recién salida de la cárcel.
El punto de su tormento era