6. Magnate Noruego.
Lars guardó el teléfono satelital y se quedó unos minutos mirando la oscuridad del fiordo. La revelación de Gabriel le había dado una pieza del rompecabezas que no esperaba. El miedo de un padre disfrazado de tiranía. Sin embargo, decidió que no era el momento de abrumar a Marina con verdades familiares. Ella necesitaba sanar, no solo de la fiebre, sino del alma.
Regresó a la cabaña en silencio. Los días siguientes fueron una transformación lenta y silenciosa en la dinámica de aquel hogar de madera.
Lars dejó de ser el captor rudo para convertirse en un protector devoto. Ya no había órdenes, ni sarcasmos, ni lecciones forzadas sobre cómo sobrevivir.
Los pequeños gestos eran por las mañanas, antes de que ella despertara, Lars encendía la estufa de la habitación para que el frío no la golpeara. Preparaba comidas sencillas, caldos con hierbas locales y pan recién horneado que dejaba en una bandeja junto a su cama con una nota breve:
"Come. Necesitas fuerzas".
La presencia silenciosa que