32- La Rendición del Deseo.
El tiempo se arrastró en la unidad de cuidados intensivos. Sarah se sentó junto a la cama de Gabriel, sosteniendo su mano que se sentía extrañamente tibia. Sofía y Alejandro esperaban afuera, en el silencio de la sala. La única luz en la habitación provenía de los monitores que dibujaban picos rítmicos y las luces tenues sobre el equipo.
El doctor Robles y su equipo estaban en la habitación. Habían estado reduciendo la sedación de forma gradual.
—Estamos cerca, señora Morales —susurró el doctor Robles—. Cualquier respuesta, por mínima que sea, nos dará información vital.
Sarah asintió. Se inclinó y habló a su oído, su voz un susurro de determinación:
—Estoy aquí, Gabriel. Los niños están bien. Tienes que volver con nosotros.
Pasaron diez minutos. Luego veinte. Justo cuando la tensión se hacía insoportable, el electrocardiograma de Gabriel emitió una señal. Sus párpados temblaron. Sarah contuvo el aliento. Finalmente, después de casi una semana de sedación profunda, Gabriel abrió los o