28- La Rendición del Deseo.
La ternura en el gesto de Gabriel detonó una necesidad ardiente. Ver a su esposo cuidarla con tanta devoción era el afrodisíaco más poderoso. Ya no era un momento de pensar, era momento de dar amor incondicional y absoluta confianza.
Sin decir una palabra más, Sarah se deslizó de la cama y, con una mezcla de desesperación y control, se sentó sobre el regazo de Gabriel. Ella lo besó con una pasión que era tanto una promesa como una súplica. La urgencia del momento era la liberación física de tanta presión que solían tener entre ellos con el hotel y todo lo que sucedía.
Gabriel respondió con una pasión arrolladora, honrando la fuerza y la vulnerabilidad de Sarah. Sus manos trazaron el contorno de su cuerpo, deteniéndose con delicadeza en las zonas que ahora eran más sensibles por el embarazo, un acto de cuidado que amplificaba el deseo. La entrega era total, un torrente de caricias y besos que los llevó al borde de la razón. El acto no era solo lujuria; era una afirmación intensa de su