John
Al llegar a casa, John abrió la puerta con cierta aprensión. No sabía por qué sentía aquello. Elizabeth estaba allí, como siempre. Ella levantó el rostro al verlo entrar.
— Buenas noches, John —dijo con una voz suave y gentil.
— Buenas noches —respondió él, observándola.
Sus ojos recorrieron a Elizabeth de pies a cabeza; ella llevaba un vestido nuevo gris, sin detalles, de mangas largas, que parecía apagar aún más su presencia. Tenía el mismo patrón que la ropa que él mismo le había dado.