Martha
A la tarde siguiente, en la mansión Walker, Martha supervisaba cada detalle de la mesa de té: porcelana delicada, servilletas de encaje, flores frescas en tonos rosados, tartas y petit fours dispuestos con absoluta perfección. Todo debía transmitir elegancia, pero para ella, aquilo era más que un simple té.
En cuanto Elizabeth cruzó la entrada principal, el mayordomo la recibió con formalidad.
— Bienvenida, señora Walker. Por aquí, por favor.
La condujo directamente a la sala de té. Eliza