John
Después de aquel día, John seguía evitando que Elizabeth fuera a la mansión Walker. Pero al atender una llamada de su abuelo, ya no pudo negarse; no tenía más excusas.
—¿Por qué no dejas que mi nieta venga a visitarme? —preguntó Oliver, molesto, cuando John intentaba postergar la visita una vez más.
—Está bien, abuelo. Voy a ver si ella puede ir mañana —respondió por fin, resignado.
John temía que su abuelo se encariñara demasiado con Elizabeth y, así, fuese más difícil aceptar la futura separación. Sin embargo, si continuaba evitando que ella apareciera en la mansión, el viejo Walker acabaría desconfiando.
Tomó el celular y escribió un mensaje para Elizabeth:
«Mañana por la tarde vas a tomar el té con mi abuelo.»
Esperó la respuesta, que no tardó en llegar.
«Está bien.» —Nada más.
«Compórtate. Él no sabe del contrato.»
«Lo sé, y no necesita saberlo.»
«Perfecto.»
John mantuvo la mirada fija en la pantalla del celular, esperando algo más, alguna palabra, una despedida… que no llegó