En cuanto quedaron a solas, Oliver se volvió hacia la joven a su lado con una sonrisa amable.
—Dime, querida, ¿cómo va el matrimonio?
—Estamos bien. John está muy ocupado, pero aprovechamos los momentos cuando estamos juntos —Elizabeth no mentía. Por eso desvió la mirada, incómoda.
—Entiendo… —murmuró el anciano, cuyos ojos experimentados observaban atentamente cada matiz de su expresión.
Sobre la mesa había un precioso tablero de ajedrez. Las piezas, talladas a mano, brillaban bajo la luz suave