—Papá. Por fin ha llegado John —dijo Martha, acercándose a Oliver Walker.
Esta vez estaba de pie, con un bastón en la mano, hablando con una mujer que Elizabeth supuso que era su hermana menor, dada la semejanza, y otras tres personas.
—¡Ah, John! Elizabeth, qué alegría veros —exclamó Oliver, moviéndose con cierta dificultad hacia la pareja.
John se acercó a su abuelo y le besó la frente con la misma afectuosa formalidad que había mostrado con su madre.
A Elizabeth le extrañaron esos gestos de