—Papá. Por fin ha llegado John —dijo Martha, acercándose a Oliver Walker.
Esta vez estaba de pie, con un bastón en la mano, hablando con una mujer que Elizabeth supuso que era su hermana menor, dada la semejanza, y otras tres personas.
—¡Ah, John! Elizabeth, qué alegría veros —exclamó Oliver, moviéndose con cierta dificultad hacia la pareja.
John se acercó a su abuelo y le besó la frente con la misma afectuosa formalidad que había mostrado con su madre.
A Elizabeth le extrañaron esos gestos de cariño por su parte.
—Feliz cumpleaños, abuelo. Espero que te haya gustado el regalo.
— Sí, lo estrenaré pronto. ¿Te gusta jugar al ajedrez, querida? —preguntó Oliver, dirigiendo su mirada inquisitiva hacia Elizabeth.
— Sí, me gusta —respondió ella con sencillez.
—Entonces ya tengo pareja. John me ha regalado un precioso juego de ajedrez de madera noble, exclusivo y hecho a mano —y le dedicó una sonrisa afectuosa—. ¿Cómo te encuentras, querida? John me ha dicho que has estado indispuesta y que p