Oliver volvió a Elizabeth y continuó.
—John es mi nieto, pero también es un Walker. Y los Walker somos muy orgullosos. Eso nos hace fuertes, pero también tontos.
El anciano extendió su mano arrugada y tomó una de las manos de Elizabeth, cubriéndola con la suya.
—John es un buen hombre, a veces es tonto, muy tonto. Pero es intenso en todo. La forma en que se entrega a la ira y la rabia no se compara con la forma en que ama.
Ella sintió un nudo en el corazón. ¿Sería posible...?
Oliver le dio unas palmaditas en la mano, con una sonrisa comprensiva. A Elizabeth le pareció que él intuía su sufrimiento.
Elizabeth, por su parte, no sabía qué decir y permaneció en silencio durante unos instantes.
—Gracias... abuelo —Elizabeth intentó expresar confianza y serenidad en sus palabras. Pero la mirada que intentaba expresar sus palabras no se reflejaba en ellas.
Oliver, dándose cuenta, solo le sonrió amablemente y le apretó la mano de nuevo, como si quisiera transmitirle fuerza.
Martha, al darse cue