Residencia Walker
Como era de esperar, Lily no regresó a la mansión de los Walker. Los niños preguntaban por ella constantemente y Elizabeth les decía que estaba cuidando a una tía enferma, al menos esa era la versión que les había contado. Aunque le resultaba incómodo mentir a los niños, no podía decirles la verdad.
—Mamá, ¿cuándo vuelve Lily? —preguntó Mary con voz triste. Se había encariñado con Lily más que los demás niños.
Elizabeth estaba terminando de arreglar el lazo azul en el pelo de su hija. Sonrió con dulzura, tratando de ocultar su propia aprehensión.
—Querida, no lo sé. —Le acarició la cara a la niña, preparándose poco a poco para aceptar lo inevitable—. Quizás... quizás no vuelva.
Mary frunció los labios, inconformista.
—Pero prometió jugar en el campamento con nosotros el fin de semana...
—Si no vuelves, puedes jugar con Dolores, Susan y tus hermanos. ¿De acuerdo?
—Echo de menos a Lily —insistió Mary, conteniendo las lágrimas—. Mamá, ¿le pides que venga a visitarnos, a