Carlson no perdió tiempo. Tan pronto como salió de la oficina de John, se dirigió a su centro de inteligencia, una discreta sala en el edificio del Grupo Walker, a la que pocas personas tenían acceso.
En la pantalla de su ordenador, los datos de Lily seguían parpadeando: documentos frágiles, dirección inexistente, historial profesional falsificado. Un rastro bien construido.
“Me estoy haciendo viejo”, dijo con amargura al darse cuenta de que no había profundizado en las investigaciones.
Sin embargo, su instinto de buscar detalles volvió de inmediato. Tecleando rápidamente, cruzó información: registros de llamadas, movimientos bancarios y listas de eventos sociales.
Fue entonces cuando un detalle le llamó la atención. La información más detallada tenía fechas recientes.
“Vaya... qué interesante…”, murmuró, ajustándose las gafas.
Gracias a sus contactos en el gobierno, fue fácil acceder al móvil de Lily. Si alguien estaba detrás de ella, era alguien muy bueno. En el móvil no había nada