Lily
Más tarde, de vuelta en la sencilla habitación que le habían asignado en la mansión, Lily se sentó en el borde de la cama, todavía con el uniforme puesto. Las imágenes de la capilla volvían a su mente en flashes: las voces al unísono, la mirada dulce de Elizabeth, la risa tímida de los niños agradeciendo por cosas tan pequeñas.
Sin darse cuenta, apretaba entre los dedos el pequeño rosario de madera que una de las niñeras le había entregado al salir. Respiró hondo, incómoda.
"Qué locura..."