Lily
Más tarde, de vuelta en la sencilla habitación que le habían asignado en la mansión, Lily se sentó en el borde de la cama, todavía con el uniforme puesto. Las imágenes de la capilla volvían a su mente en flashes: las voces al unísono, la mirada dulce de Elizabeth, la risa tímida de los niños agradeciendo por cosas tan pequeñas.
Sin darse cuenta, apretaba entre los dedos el pequeño rosario de madera que una de las niñeras le había entregado al salir. Respiró hondo, incómoda.
"Qué locura...", murmuró para sí misma. "Esto no es para mí".
El móvil vibró sobre la mesita. Era Logan.
Respondió de inmediato, tratando de sonar firme.
— Ya me he adaptado a su rutina. Los niños me han aceptado rápidamente y Elizabeth confía en mí —dijo, en un tono casi profesional.
La risa seca de Logan resonó al otro lado.
— Sabía que tenías talento. Sigue así. Necesito detalles, horarios, conversaciones. Nada es demasiado pequeño cuando se trata de los Walker.
Lily dudó por un segundo. Una imagen apareció