Lily
A la mañana siguiente, Lily entra en la mansión Walker con pasos tímidos, los ojos llenos de gratitud fingida. Elizabeth la recibe con su amabilidad natural y se la presenta a los niños como si fuera una nueva amiga de la familia.
Al principio, Lily se mantuvo discreta, ayudando en pequeñas tareas: guardaba juguetes, acompañaba a los niños en sus lecturas, ayudaba en las tareas domésticas y en la disciplina impuesta por los Walker. Pero pronto, su astucia se abrió camino hasta el corazón de aquellos niños.
Anthony, siempre curioso, adoraba sus historias de infancia, que Lily contaba con dramatismo, como si hubiera vivido grandes aventuras.
—¿Alguna vez has cazado luciérnagas de verdad? —preguntaba con los ojos brillantes.
—Cientos —respondía ella riendo—. Puedo enseñarte a hacer un tarro de luces solo para ti y tus hermanos.
Mary, delicada y sensible, se sentía protegida por la atención de la joven. Lily la elogiaba, le peinaba el pelo y la escuchaba hablar de sus sueños de ser p