Elizabeth
Los días pasaban y una nueva rutina comenzaba a establecerse en la mansión.
Como John le había explicado, dos veces por semana un equipo de mantenimiento venía a la casa. En realidad, se trataba de un verdadero batallón de profesionales que tomaba cada habitación con eficiencia casi militar. Divididos en grupos de dos o tres, se dispersaban por la residencia, incluso con escaladores para alcanzar los inmensos paneles de vidrio que componían la fachada.
Trabajaban con rapidez y discreci