A pesar de la incomodidad, la pareja siguió disfrutando de la noche. Bailaron, rieron, conversaron y, como era de esperar, se convirtieron en el centro de atención.
La noche era perfecta... hasta el momento en que Elizabeth se alejó para ir al baño, situado en el entresuelo del salón. Sara se ofreció a acompañarla, pero Elizabeth se negó al darse cuenta de que estaba conversando animadamente con Marion y Sophia, por lo que se alejó sin imaginar que la estaban vigilando.
Pamela, que no le quitaba los ojos de encima ni un segundo, vio allí su oportunidad. Esperó pacientemente fuera del baño.
Cuando Elizabeth salió, oyó detrás de ella una voz cargada de veneno:
—Señora Walker... —la llamó Pamela, con evidente ironía.
Elizabeth se dio la vuelta, manteniendo la compostura.
—Señorita White. No creo que tengamos nada de qué hablar —respondió, lista para alejarse.
—Oh, querida... —Pamela cruzó los brazos y dio unos pasos lentos a su alrededor—. ¿Cuánto tiempo crees que John te aguanta? Pronto