A senhora Walker
A la mañana siguiente, el coche de John se detuvo, como de costumbre, frente al edificio administrativo. Sin embargo, esta vez no salió solo. Abrió la puerta del copiloto y extendió la mano para ayudar a alguien a bajar.
Los pocos empleados que llegaban, además del portero, se quedaron visiblemente sorprendidos. Nunca había visto al jefe llegar con una mujer, y mucho menos con alguien tan guapa y elegante. La joven bajó con ligereza, vestida con un conjunto de blazer y falda en tonos claros, que resaltaba su belleza y sofisticación. John, con expresión serena, le cogía la mano con naturalidad y orgullo.
—Buenos días, Bill. Esta es mi esposa, Elizabeth Walker —anunció al portero.
El hombre se quedó unos segundos sin reaccionar, tratando de disimular su sorpresa.
—Buenos... Buenos días, señora. Es un placer conocerla —respondió, algo nervioso.
Elizabeth sonrió amablemente, transmitiendo simpatía de inmediato.
— Buenos días. John me ha dicho que usted es un excelente emp