John e Elizabeth
En el coche, mientras el conductor conducía, John mantenía una expresión serena, como si nada hubiera pasado.
—¿Estás bien, cariño?—, le preguntó, mirándola con ternura.
— Sí... estoy bien. Y... gracias por defenderme. Pero... es tu madre, John. No quiero que te pelees con ella por mi culpa —respondió ella con voz suave, pero ligeramente angustiada.
John le apretó la mano a Elizabeth y se la llevó a los labios.
—Ya se ha entrometido demasiado en nuestra relación. Gracias a mi madre, te juzgué tan mal... te traté de forma cruel... y casi te pierdo— confesó con pesar en la voz.
—Solo quiero evitar ser motivo de peleas en tu familia... —respondió ella, bajando la mirada.
Él sonrió, acariciándole la mano.
—Y sigues siendo la mujer más dulce y comprensiva que he conocido. Pero no te preocupes, mi amor... te quiero. Y con el tiempo... Incluso mi madre aceptará nuestro matrimonio. Al menos tienes un aliado importante. El abuelo te quiere mucho.
—Tu abuelo... —sonrió ella, si