— ¡Papá... es esa mujer! ¡Envenena a John contra mí! —dramatizó Martha, llevándose la mano a la frente, como si estuviera a punto de desmayarse.
— Martha, no me subestimes. Soy viejo, pero no soy idiota. Esa chica es la persona más dulce, amable y educada que he conocido. Sé lo del acuerdo de este matrimonio, al principio pensé que no iba a funcionar, pero cuando conocí a Elizabeth tuve la certeza de que es la mujer ideal para él y la madre de mi bisnieto. Y John por fin parece haberse dado cue