John
Mientras resolvía algunos asuntos pendientes en la oficina, John notó que su teléfono sonaba insistentemente. En la pantalla aparecía un nombre que era sinónimo de molestia: Pamela White.
Respiró hondo y se pasó la mano por la cara. Podría ignorarlo. De hecho, debería hacerlo. Pero sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentarse a Pamela y poner punto final al asunto. Pulsó el botón verde.
—¡John! ¡Por fin has decidido contestarme! —explotó Pamela, sin siquiera disimular su tono acusador—. ¿Dónde has estado? ¡Has desaparecido durante días! Estaba preocupada.
John apoyó el codo en la mesa y se llevó la mano a la barbilla. Mantuvo un tono neutro, controlado.
—Buenos días, Pamela. Espero que estés bien.
Ella resopló, indignada.
—No eludas la pregunta. ¿Dónde estabas? ¿Y por qué me has ignorado todo este tiempo?
Respiró hondo, manteniéndose impasible.
— Estaba... de viaje con mi amada esposa, Pamela.
— ¿De viaje? —su tono era ácido—. ¡Esa... esa oportunista! ¿Es eso, John? ¡Dime