La puerta fue derribada violentamente y Adam entró, con el rostro encendido de ira.
—¡Aléjate de ella, canalla! —gritó, avanzando con pasos pesados.
Dos guardias de seguridad lo seguían de cerca, junto con Sara, que parecía asustada por la escena.
—¡¿Adam?! —exclamó Elizabeth, sorprendida, con el corazón acelerado.
—¡Suéltala ahora mismo! —gritó Adam, con el cuerpo en alerta y los puños cerrados—. Aléjate o te...
—Saints... —respondió John con calma, aún abrazado a Elizabeth. Su tono contrastab