El teléfono de Adam sonó y él contestó inmediatamente al ver quién era.
—¿Ha pasado algo? —preguntó, ya en estado de alerta.
—Señor, está aquí —respondió la voz al otro lado de la línea.
—Entendido. Voy para allá. Manténgase atento y manténgame informado —dijo, y colgó rápidamente. A continuación, llamó a Sara, que estaba libre.
— La ha encontrado. Voy a pasar a recogerte.
Sin perder tiempo, llamó a Santiago.
— Quiero un equipo ahora mismo. Es urgente.
— Sí, señor.
Adam salió apresuradamente, c