Apenas bajó los tres escalones de la entrada, se topó con Steve. Parecía que él la estaba esperando.
—Buenos días, Elizabeth —dijo él, con una sonrisa amplia y confiada.
—Buenos días, Steve —respondió ella con una sonrisa amable.
—Veo que la obra por fin quedó lista —comentó él, mirando hacia el interior del restaurante—. ¿Qué te parece si salimos a cenar y celebramos este logro?
Elizabeth desvió la mirada, algo incómoda. Steve siempre la invitaba a cenar, y ella siempre rechazaba. No quería al