Una vez que José María salió de aquella habitación, Luciano dejó de mirar hacia la puerta y enfocó toda su atención en la mujer que estaba ahí recostada.
- ¿Cómo estás? -dijo el hombre observándola con atención.
- Bien, Luciano, estoy bien… No tenías por qué comportarte de ese modo con José María. -dijo Amelia un tanto molesta.
- Pues no conozco a ese hombre, tal vez si me dijeras quién es, podría entender por qué actúas de esta manera. -dijo Luciano cambiando su semblante apacible a uno frío