El tiempo avanzó, Amelia poco a poco fue recuperándose de sus heridas y, luego de al menos un par de semanas más, Almendra pudo saber qué había ocurrido con “Meli”.
Luciano, tras dos semanas más, por fin pudo ir a casa a una hora decente y hablar con su hija. En aquella conversación, el hombre le explicó que Amelia había sufrido un accidente y no, no la había abandonado; más bien, ella estaba en el hospital recuperándose.
Almendra dudaba de su padre, pues la pobre se la había pasado preguntando sobre su “mamá”, pero este siempre daba respuestas ambiguas y, ahora que le daba esa versión, no le sonaba muy creíble.
- Papá, ¿de verdad estás diciendo que Meli está en el hospital? ¿Por qué nunca la he visto? ¡Yo siempre voy al hospital…! -dijo Almendra con duda.
- Hija, ella estaba delicada, razón por la que no la viste en el mismo pabellón al que tú vas, pero ya está mucho mejor; es más, mañana mismo te llevaré a verla y no solo eso, el médico ha dicho que puede volver a casa en cualquier m